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Religiones en Japón

 

Desde el inicio de su historia, Japón y la Religión han forjado una relación tan estrecha e íntima, que a veces es muy difícil distinguir dónde está el límite entre ambos. De alguna forma, se podría decir que el japonés, en su vida cotidiana, y en todos los estratos sociales, “vive religión”. Para entender esto es preciso dejar a un lado las pre-concepciones sobre lo que entendemos por Religión, porque puede bien no encajar con lo que se entienda en este país.

 

Japón ha convivido desde siempre con distintas tradiciones religiosas, nacionales y extranjeras que, a grandes rasgos, se han logrado integrar a la realidad japonesa con el tiempo: el Shintō, la llamada ‘religión nativa de Japón’; el Budismo, de origen indio y traído desde Corea; el Confucianismo, que viajó desde China; el Cristianismo, que llega a Japón en el siglo XVI y, por último, las llamadas Nuevas Religiones, tendencia más contemporánea, que logró mayor convocatoria tras la Segunda Guerra Mundial. En mayor o menor medida, estas 5 tradiciones religiosas han jugado importantes roles en la historia de Japón, y es lo que se discutirá y explicará en este artículo, con el fin de poder comprender con mayor profundidad la importancia de la Religión en la cultura japonesa.

 

Religión ‘a la japonesa’

Ahora bien, ¿por qué es importante la Religión en Japón? De una forma que es muy difícil de definir, e incluso de entender para quienes no pertenecemos a su esfera cultural, la Religión permea a toda la sociedad japonesa. Desde que nacen hasta que mueren, los japoneses viven de acuerdo a ciertas pautas y ritos que definen y marcan su identidad como cultura; ritos que, en su generalidad, poseen componentes religiosos. Identidad y religión en pocos casos coinciden tan visiblemente como en el caso de Japón, particularmente con el Shintō, una religión exclusiva de los japoneses: un japonés puede no ser necesariamente shintoísta, pero nadie que no sea japonés puede serlo.

 

Aunque muchos japoneses hoy en día, especialmente los jóvenes, se definan como ateos, o “no religiosos”, la participación en actos y prácticas religiosas en Japón es casi universal. Esto, sumado a que muchos japoneses practican tanto ritos shintoístas como budistas, de forma paralela, parece contradictorio. Lo que muchos estudiosos llaman ‘la japonización’ de las religiones es, en parte, lo que ha hecho posible la asimilación de las distintas influencias extranjeras, como el Budismo.

 

En la última cuenta disponible sobre la adherencia religiosa en Japón del año 2012, según la Agencia de Asuntos Culturales de Japón, se estableció que, dentro del universo de seguidores de alguna religión, el 51,2% de los encuestados se consideraba shintoísta (100.770.882 personas); un 43%, budista (84.708.309 personas); un 1%, cristiano (1.920.892 personas) y, por último, un 4,8% se clasificó dentro de ‘Otros’ (9.490.446 personas), dando una población total de 196. 890. 529 personas, en circunstancias que el total de la población japonesa de ese año era sólo de 127.515.000 de personas, aproximadamente.

 

Lo que impresiona es que dentro del marco religioso y espiritual japonés, esto es perfectamente posible. Por ejemplo, tanto el Shintō como el Budismo se superponen y, hoy por hoy, después de cientos de años de historia de relación, se confunden y no es tan simple describir qué característica pertenece a cuál. De hecho, existe el dicho de que ‘se nace shintoísta y se muere budista’, pues comúnmente para los nacimientos y matrimonios el japonés realiza ritos shintoístas y, para los funerales, budistas. Esta es la razón principal del porqué es fundamental entender qué son y cómo funcionan las religiones de Japón para poder acercarse más profundamente a esta cultura.

 

Esta forma de vivir la religión es muchas veces inconsciente, instintiva, y a ratos tiene un carácter ecléctico, sin embargo, “es”, y lleva cientos de años “siendo”. Por eso es que podría decirse que la mejor puerta hacia el mundo japonés es el estudio de su religión.

 

Shintō

El Shintō, o literalmente, ‘Vía de los Kami’, es la noción con la que se denomina a lo que algunos estudiosos señalan como la ‘religión nativa’ de los japoneses, que se habría desarrollado de forma paralela con la cultura japonesa hace más de dos mil años, y que se gestó a partir de su relación con la naturaleza y su economía basada en el sistema agrícola. En términos generales, representa la visión valórica primera del japonés, que surgió en niveles locales y tribales, pero que derivó al ámbito nacional con los siglos.

 

Caracterizado por ser un conjunto de creencias y ritos, basados, principalmente, en la adoración y respeto a la Naturaleza, a los Kami y a la relación del Hombre con ellos dos, el Shintō carece de un dogma oficial, no tiene escrituras sagradas ni un líder espiritual común para todo el territorio. Sólo desde el siglo VI, aproximadamente, adoptó el nombre Shintō (en caracteres chinos, 神道) que en japonés se pronuncia Kami no Michi (el camino de los Kami).

 

Como bien dice su nombre, el énfasis mayor de esta religión se concentra en la adoración a los Kami, espíritus o demonios que pueblan este mundo y que conviven con los seres humanos. Un Kami puede ser una montaña, un antepasado, el aire, o una persona que ha hecho cosas extraordinarias en su vida. Por esta razón, el Shintō tiene una naturaleza eminentemente politeísta y animista, pues según los registros antiguos existen miles y miles de Kami y todos sus ritos se orientan en función de ellos.

 

Los orígenes de Japón están registrados en varios textos, siendo los más importantes y primeros, el Kojiki o “Registro de Materias Antiguas” (escrito en el año 712) y el Nihon Shoki, “Crónicas de Japón” (720), que relatan las historias de los Kami que crearon a Japón. Estas historias míticas se transmitieron durante años de manera oral, y finalmente en el siglo VIII se reprodujeron.

 

Budismo

El Budismo, como ya se mencionó, se originó en la India, en el siglo VI a.c., como consecuencia de la vida y obra de Siddharta Gautama, posteriormente llamado ‘Buda’, o ‘El Iluminado’. El principal mensaje que Buda transmitía era que la vida es sufrimiento, pero que ese sufrimiento puede terminarse si acabamos con el deseo que sentimos hacia lo material, y eso se logra mediante Iluminación. La idea esencial es el desapego total de todo lo ‘impermanente’ de este mundo. 

 

A la doctrina de Buda se le denomina Yana, que significa ‘vehículo’ o ‘barca’. La barca es un símbolo que representa al budismo como vehículo (o medio) para la liberación. El ser humano está atrapado en un ciclo infinito (samsara), en el que permanecemos debido a la ignorancia que tenemos de la realidad. Por eso, el Budismo ofrece un camino o vehículo para terminar con el samsara, mediante el conocimiento y entendimiento de la realidad (o nirvana).

 

Tras la muerte de Buda y con el pasar del tiempo, la tradición budista se dividió en otras vertientes interpretativas: la de ‘Gran Vehículo’ (Mahayana) y la del ‘Pequeño Vehículo’ (Hinayana). Esta última consiste en conseguir la liberación de forma individual; es lo que conocemos como budismo monástico y sostiene, principalmente, que el conocimiento búdico es algo que logran unos pocos. Por otro lado, el Mahayana, visión que será la que trascienda las fronteras indias hasta tierras chinas y japonesas, entre otras, consiste en que el sentido y meta del conocimiento búdico es universal para todos los seres.

 

La bienvenida diplomática y oficial del Budismo en Japón fue a mediados del siglo VI. Aún no se sabe con exactitud la fecha exacta de su llegada; recurrentemente se señala que habría sido en el 538, aunque según el Nihon Shoki, habría sido el 552. A partir de este siglo, el Budismo ha jugado un rol sustancial en el desarrollo y formación de la cultura y sociedad japonesa, principalmente en los campos de las artes y la literatura. Con el tiempo, el Budismo en Japón fue transformándose en una religión netamente japonesa, separándose en muchos aspectos de su origen indio o de la variante china. Es lo que se llama la ‘japonización’ del Budismo, y es lo que hoy mejor se conoce como ‘Budismo japonés’. Por lo que, aunque generó un gran impacto en el tradición religiosa japonesa de ese entonces y en su campo valórico, con el tiempo también se ha ido transformando y adecuando a los mismos valores y costumbres de los japoneses.

 

Confucianismo

El Confucianismo surge en China, a partir de las enseñanzas de Kung Fu-tzu (Confucio), quien vivió en el siglo VI a.c. En términos simples, sus premisas más importantes fueron que las relaciones familiares, entre otras, eran la base de la Sociedad, y el fundamento de esta relación es la piedad filial, como la que se da entre un hijo y su padre; su objetivo era asegurar y preservar la armonía social, a partir de este núcleo. Las ideas de Confucio se pueden encontrar en Las Analectas de Confucio, que, aunque probablemente no las escribió él mismo, sino sus discípulos, se considera como el texto principal del Confucianismo.

 

El Confucianismo ha jugado un rol transcendental en la historia de Japón, así como en la de otros países de Asia, como Corea o China. A Japón llegó aproximadamente desde el siglo IV, pero su introducción tuvo una mejor y más tranquila aceptación que el Budismo en su primera etapa. No chocó directamente con el sistema valórico del japonés, ni con las prácticas shintoístas. Más bien, lo proveyó de un cuerpo ético e ideológico más elaborado de lo que tenían. Aunque el Confucianismo es a menudo caracterizado como un sistema filosófico ético y social más que una religión, sí ha adquirido ciertas características religiosas a lo largo de la historia de Japón.

 

Cristianismo

De todas aquellas tradiciones religiosas que llegaron a Japón, el Cristianismo ha sido de las que ha tenido menos éxito en su asimilación en la cultura y en términos de su alcance social a lo largo de su historia. Sin embargo, conserva un espacio importante en la historia religiosa de Japón, particularmente en los tiempos en que la isla tuvo sus primeros encuentros masivos con el mundo occidental.

 

El Cristianismo habría llegado a Japón en dos oleadas: la primera, en el siglo XVI a través del catolicismo y, la segunda, en el siglo XIX, en su variante protestante. En 1549, llegaron a las islas japonesas del sur los primeros misioneros católicos apostólicos romanos, siendo el primero de esos misioneros Francisco Javier (1506-1552), reconocido póstumamente como ‘El Apóstol de Japón’ por su labor misionera, en tiempos del gobierno de Oda Nobunaga (1534-1582), el primero de los líderes responsables de la unificación política del territorio, tras los siglos de lucha y división.

 

Francisco Javier, en su paso por Japón, convirtió a muchos japoneses y fue testigo del nacimiento y crecimiento de la modesta comunidad cristiana japonesa, que desde 1587 hasta 1650 comenzaría su retirada forzada tras un decreto del Shogunato, sobreviviendo sólo en menor escala y en ciertos ámbitos privados, más bien como un culto secreto.

 

Nuevas Religiones

Las ‘Nuevas Religiones’ o ‘Shinkō Shūkyō’ es el término con que se conocen a un conjunto de movimientos religiosos que comenzaron a aparecer en la última etapa del periodo Tokugawa (1603-1868), que se fueron masificando desde el periodo Meiji (1868-1912) y que adquirieron mayor fuerza tras la Segunda Guerra Mundial. Lo más llamativo es que se denomina como Nuevas Religiones a movimientos que, en estricto rigor, no son todos necesariamente religiosos y muchos de ellos integran tradiciones religiosas con larga data, como el Shintō, Budismo, o Cristianismo, entre otros. Así que podría decirse que más bien lo ‘nuevo’ reside en el enfoque más que en el contenido en sí mismo de estos movimientos.

 

Ya desde principios del siglo XIX existían muchos movimientos, que no lograron distinguirse del Budismo o del Shintō, y se les consideró como sectas. Tras la Segunda Guerra Mundial, y con la declaración de libertad religiosa, muchos nuevos movimientos surgieron, otros ganaron por fin su independencia de sus matrices shintoístas y budistas, y se nutrieron de este nueva clima político que les permitió descubrir mejor las necesidades de la gente.

 

Un ejemplo de estos movimientos es la Soka Gakkai. Ésta es probablemente la más famosa y exitosa de las llamadas Nuevas Religiones, en términos de su alcance en el extranjero, así como en su influencia y posición en la política japonesa. Fundada por Makiguchi Tsunesaburō (1871-1944), esta secta toma elementos del Budismo Nichiren y del Sutra del Loto. Hoy tiene su propia universidad (Universidad Sōka) y su propio partido político (Kōmeitō).

 

Referencias

 

Berthon, Jean-Pierre. “Shintoismo. Referencias históricas y situación actual”, en: DELUMEAU, Jean (et. al.). El hecho religioso. Una enciclopedia de las religiones hoy. Siglo XXI. 1997.

 

Breen, John y Teeuwen, Mark. A New History of Shinto. Blackwell brief histories of religion series. Blackwell Publishing, 2010.

 

Conze, Edward. El Budismo. Su esencia y su desarrollo. FCE, 1978.

 

Suzuki, Daisetz Teitaro. Ensayos sobre Budismo Zen. Editorial Kier, S.A., 1970.

 

Yao, Xinzhong. An Introduction to Confucianism. Cambridge University Press, 2000

 

Wright, Arthur F. Confucianism in Action. Stanford University Press, 1959.

 

Boxer, C.R. The Christian Century in Japan, 1549-1650. University of California Press, 1967;

 

Cary, Otis. A History of Christianity in Japan. (2 Volúmenes). Fleming H. Revell Company, 1909.

 

Inoue, Nobutaka (ed.). New Religions: Contemporary Papers in Japanese Religion. Institute for Japanese Culture and Classics. Kokugakuin University, 1991.

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El Shintoísmo

03.07.2018

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