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KERIS, protegidos por el alma de un puñal

(Dos keris con sus vainas, en exhibición en el Museo Pedro Del Río Zañartu, Hualpén, Concepción, Región del Bío Bío.)

 

Un keris (también conocido como kris o kalis) es un puñal de forma ondulada o recta. Tiene una hoja adamascada (producto de la aleación de metales fundidos similares a los que se observan también en las katanas y cuchillos japoneses), un mango tallado colocado sobre un punzón y un estuche o vaina. Los keris de estas características existen exclusivamente en el archipiélago del Sudeste asiático, expandiéndose junto al reino de Majapahit (siglo XII-XVI) principalmente por Indonesia y Malasia, así como Tailandia, Brunei, Singapur y el sur de Filipinas, subsistiendo hasta el día de hoy.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(Mapa de Indonesia. Imagen extraida de internet)

 

La tradición del keris, en particular en la isla de Java, ha atravesado la historia desde su aparición hasta el presente bajo influencias Hinduístas, Budistas, Católicas y Musulmanas, esta última siendo la religión dominante en la zona desde hace cinco siglos. En el año 2005, la UNESCO designó los keris de Indonesia como una Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad, como una invitación a proteger un tradición en peligro de desaparición.

 

El keris es un arma, y un talismán. Su función múltiple se expresa en la cultura del archipiélago indonésico en la conexión del keris con rituales sagrados donde es manejado con ceremonial cuidado, como en rituales de luto, matrimonios, ofrendas o como regalo oficial entre autoridades. Usar el keris como accesorio en una vestimenta sigue siendo hoy un signo de estatus social y de autoridad, a la vez que transmite la relación más ancestral de los isleños con las fuerzas de la naturaleza; conecta el mundo de los hombres y lo sagrado, sobrenatural y poderoso. El keris ha sido también un arma de defensa, ataque, sacrificio o castigo, pero que dio paso a un rol más simbólico y ceremonial.

 

Las imágenes más antiguas de keris en Indonesia aparecen en bajorrelieves de piedra del templo Borobudur (825 d.c.) y Prambanan (850 d.c.), mientras teorías sobre su origen se remontan a la cultura de bronce Dong Son (300 a.c.), en Vietnam. El consenso sobre el período en que el keris se vuelve un primordial elemento de la cultura javanesa es durante la expansión del reino Hindú, Majapahit (siglo XII-XVI), siendo una imagen de referencia el relieve del templo Candi Sukuh, en Java Central, donde aparecen héroes épicos del Mahabharata; Bhima como el forjador de keris (el empu), Arjuna soplando el horno de la fundición, y el dios Ganesh, al centro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(Relieve del templo Candi Sukuh, en Java Central. Imagen extraida de internet)

 

Hasta el día de hoy, el proceso de elaboración de un keris es, en sí, un acto sagrado. El fabricante (empu) ayuna, medita y hace sacrificios para que el keris sea forjado en consonancia con el modo de ser y misión del propietario. Si es para un rey, debe ser forjado de distinto modo que para un comerciante, pues lo que es bueno para uno puede no ser adecuado para el otro. De este modo a veces podía pasar hasta un año antes de que el empu terminase el keris.

 

Para la elaboración de un keris se requiere efectuar un gran trabajo técnico: forjando repetidas veces barras de hierro y hierro con níquel, elaborando hojas de hasta 100 capas de metal. Doblando, torciendo y limando los diferentes tipos de hierro y acero, se crea un dibujo (pamor) que tiene un significado simbólico. La parte superior de la hoja es asimétrica en el mango y está provista de determinados signos. Un experto en keris puede deducir la procedencia y antigüedad del keris en base a estos dibujos.

 

En cuanto a las letales ondas del puñal, simbólicamente se asocian a la figura de una serpiente, a un dragón o una naga. El número de ondas o llamas (luk) determina el valor: mientras más ondas, más sagrado. Existen más de 50 tipos de hojas diferentes, cada uno con su nombre. Los mangos de los keris son igualmente obras de arte, realizados en marfil, hueso, cuerno o maderas nobles, comúnmente con forma antropomorfa o zoomorfa.

 

Como se considera que un keris tiene alma, tienen un nombre propio y reciben el tratamiento de kyai, ki (abuelo). Todas las familias distinguidas poseen un keris al que se le adjudican poderes sobrenaturales y se siguen encargando keris nuevos, sobre todo entre la nobleza de Java Central. Es heredado por un hijo varón por parte de su padre y debe ser cuidado constantemente, lo cual quiere decir que debe ser honrado con regularidad por medio de un ritual de purificación y de ofrendas, así como aprender de maestros el manejo apropiado del keris en esos rituales.

 

Cada keris se considera como un individuo que debe comer y beber como persona, por lo que descuidar los rituales puede incurrir en desgracias. Algunos keris exigen demasiadas ofrendas a su propietario y le amenazan con desgracias si no cumple estas exigencias. En estos casos, se lo arroja al río para desterrarlo del mundo de los hombres. Pero, en principio, el keris se encarga de proteger a las familias del mal y de la enemistad. Las leyendas relacionadas a ellos relatan cómo las personas, a través de su keris, evitaron el peligro o vivieron un milagro.

 

Si bien son tesoros familiares, sucedía a menudo que un hombre se veía obligado a vender su keris. Estos podemos verlos en la actualidad en tiendas de antigüedades o en museos. En Chile, dos keris se exhiben desde 1938 en el Museo Pedro del Río Zañartu, también conocido como Museo de Hualpén, en la región del Bío Bío. A estos keris, normalmente se les hacía extraer antes el alma, llevándolo ante un sacerdote o chamán. De esta manera, ya no necesitaba que le realizaran ofrendas.

 

A pesar de ser el keris un referente de identidad indonésica, se ha evitado su uso como símbolo nacional por ser también un arma asociada a violencia, muerte y derramamiento de sangre. La realeza y cultura de Java promueve la armonía, rechaza la confrontación directa y, por ello, cuando se visten de gala con sus keris en la faja, la colocan en su espalda para simbolizar la violencia como último recurso.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(El keris como parte de la vestimenta ceremonial en Java Central, insertado en la faja por la espalda. Imagen extraida de internet)

 

En su multifuncionalidad, el keris representa también valores estéticos de refinamiento, belleza, técnica; es un talismán que protege individualmente a una familia y a una comunidad, es un objeto de orgullo para quien lo posee y carga, así como un preciado tesoro familiar de poderes sobrenaturales, cuya alma debe ser nutrida con diligente devoción.

 

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María José Inda De la Cerda es licenciada en Arte y Estética de la Pontificia Universidad Católica de Chile, y M.A. in Japanese Studies, de la Sophia University, en Tokio. Asimismo, es miembro de Aladaa-Chile. Visita sus página de facebook ARTE ASIA y SUMIE

 

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