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Algunos consejos sobre Becas para Asia

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El Lastre de la Historia en el Presente y Futuro del Noreste de Asia

 

En pocos días, China nuevamente incrementará la tensión de las complejas relaciones entre las potencias del noreste de Asia. Los más optimistas podrían argumentar que los nexos entre Corea del Sur, Japón y la República Popular China (RPCh) se encuentran en un periodo de estabilidad política y fuerte interconexión económica, generado grandes beneficios para la región y el resto del mundo.

 

Sin embargo, la parada militar a realizarse el próximo jueves 3 de Septiembre en el corazón de Beijing —honor antes reservado para aniversarios del nacimiento de la RPCh y del Partido Comunista de China— será el último de una serie de actos que han agravado la tensión en las relaciones diplomáticas entre Beijing y Tokio. La muestra de poderío militar chino en la conmemoración del 70º aniversario de su victoria en la “Guerra de Resistencia del Pueblo Chino contra la Agresión Japonesa”, como se le conoce en China, y el fin de la II Guerra Mundial (IIGM), incrementará el nerviosismo no sólo de los nacionalistas japoneses, pero además de otros países como Filipinas, Malasia y Vietnam, preocupados por los constantes choques por el control del Mar del Sur de China, que es reclamado en gran parte por la RPCh.

 

Tanto Beijing como Seúl nunca han estado enteramente satisfechos con las disculpas de los líderes nipones, demandando actos de contrición más explícitos sobre los diversos crímenes cometidos contra la población en Asia.

 

Para poner esto en perspectiva, en Latinoamérica y el resto del mundo es ampliamente aceptada la versión que apunta a la Alemania Nazi como los victimarios de la IIGM, cuyos crímenes son repudiados tanto por los vencedores como por la sociedad alemana actual. Ello le ha valido a Berlín el reconstruir su imagen internacional y la de sus ciudadanos a nivel internacional. En Japón, en cambio, a pesar de la ocupación estadounidense después de 1945, no se produjo una condena absoluta o un reconocimiento de los detalle de los crímenes cometidos por el ejército imperial en sus campañas en Asia y el Pacífico.

 

Es por ello que, a pesar de haber ocurrido hace más de 70 años, el peso de los eventos de la primera mitad del siglo XX aún ronda con fuerza en la agenda de las relaciones en Asia. Sin ir más lejos, basta ver las conexiones familiares de sus actuales líderes: el abuelo del primer ministro japonés Shinzho Abe, Nobusuke Kishi, ocupó entre 1936 y 1939 importantes cargos en Manchuria durante la cruel ocupación japonesa y en el Japón de la segunda mitad del siglo XX; Xi Zhongxun, padre del actual líder chino Xi Jinping, fue un importante revolucionario comunista que peleó contra las tropas niponas y que formó parte del gobierno chino, durante y después de Mao Zedong; mientras que la mandataria surcoreana Park Geun-hye es hija de Park Chung-hee, que antes de gobernar el país con mano de hierro entre 1961 y 1979, sirvió como oficial en el ejército imperial japonés en Manchuria.

 

En la actual sociedad china, producto de varias décadas de una educación que resalta la victimización de su población a manos de potencias europeas y, sobre todo, bajo los soldados japoneses, el revanchismo brota con facilidad. Mientras que en Japón, la sensación de debilitamiento de su posición internacional y el temor a un futuro en que Beijing sea el poder hegemónico de la región, incrementan las desconfianzas y un creciente apoyo a dejar de hablar de los actos criminales de las tropas niponas en Asia hasta 1945.

 

La gran interconexión comercial y económica de Japón con China no es razón suficiente para evitar un breve enfrentamiento militar gatillado por un mal cálculo entre fuerzas navales o aéreas de ambos países, con consecuencias devastadoras no sólo para las relaciones entre ambas naciones, sino para la economía mundial. Tokio y Beijing deben trabajar por construir canales de entendimiento y diálogo para resolver tensiones a largo plazo, y no explotar el nacionalismo populista en beneficio de su agenda interna. El no intentarlo sería una invitación al desastre.

 

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Álvaro Etchegaray es Investigador Asociado del Centro de Estudios Latinoamericanos sobre China, Master of Law in Political Science (International Relations), Tsinghua University (Beijing, China). Especialista en relaciones China - América Latina. Puedes leer parte de su trabajo en Sinológika.

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El Shintoísmo

03.07.2018

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