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Película "Atrapados en Japón": Acerca de la (im?)posibilidad de conocer/recordar

Atrapados en Japón es un documental reciente de la directora chilena Vivienne Barry, más conocida por sus trabajos de animación, entre ellos el corto televisivo Tata Colores.  

 

La idea original de este documental surge a partir de experiencias personales de la autora y su deseo por explorar y descubrir aspectos de su pasado familiar. El padre de Barry, el periodista chileno Carlos Barry Silva, muere cuando ella es solo una niña. La aproximación a la figura paterna está dada por recuerdos fragmentados, entre ellos la presencia de una muñeca japonesa en su casa, que ella recuerda haber observado con gran interés desde una vitrina. Durante su niñez, ella escucha en más de una ocasión que su padre “estuvo en Japón”, y cuando preguntaba a su madre y tías más detalles, por todo comentario respondían que “lo habían tratado muy bien”. La niña debía conformarse con esta escueta explicación, como si la lejanía temporal del hecho histórico, que había ocurrido antes de casarse su padre y de nacer ella, imposibilitara el asunto de mayor análisis.

La idea de reconstruir esta historia se produce cuando la autora recupera/se encuentra con los objetos japoneses que habían pertenecido a su padre, incluidos la mencionada muñeca. Es así como comienza la reconstrucción de un enigma, a través de entrevistas a los familiares de los otros cinco periodistas que acompañan a Barry y los documentos por ellos proporcionados. Las sorpresas en el camino son muchas; su padre no había estado solo en Japón, sino, además, en Manchuria; su viaje no había sido una inocente experiencia de relaciones internacionales, sino  que había estado retenido/prisionero en Japón por alrededor de un año y su regreso estuvo marcado por la incertidumbre de cruzar medio globo en barco en medio de la segunda guerra mundial.   

 

A través del relato de la autora se va constituyendo una historia familiar, a la vez que deja entrever problemas universales, como la guerra, el exilio forzado, el encuentro con otra cultura y el ejercicio de la memoria. El imaginario de Japón se construye de manera fragmentada y enigmática. Las imágenes del Japón actual son captadas por Barry y su camarógrafo, buscando coincidir con las fotografías de su padre, rara vez mencionando los nombres de lugares, edificios, ciudades o calles. Los lugares quedan en la retina conformando un imaginario extraño y curioso y, a la vez, el acento de la autora por reconocer e incorporar el rostro de personajes de la calle hacen de su visión de Asia algo extraño y a la vez familiar, humano e identificable. Es así como podemos empatizar con su historia; una búsqueda personal que hace eco en nuestra propia necesidad de identidad. Una memoria personal que da cuenta a la vez de una memoria colectiva, y que se inserta en uno de los mayores conflictos bélicos de nuestra historia.   

Para este efecto, se recurre a un montaje que mezcla fotografías de archivo personal, archivos históricos, recreaciones, imágenes actuales animación y stop motion, lo cual contribuye a acentuar el carácter subjetivo del film, al tiempo que se explora y da cuenta de un imaginario asociado a lo japonés-oriental que persiste hasta hoy en nuestro país. En palabras de la propia autora, su relación con lo japonés está mediatizada por los gustos y la búsqueda del padre, hasta el punto que ella cuenta que sintió que realmente “no estuvo en Japón”. Es así como se da cuenta de un problema que no solo atañe a este film, sino que puede sentirlo cualquier persona que desde un punto de vista investigativo o creativo se enfrenta a una cultura que le es ajena y a la vez fascinante. En el film de Barry, la barrera que nos separa de otra cultura ni siquiera pretende romperse, sino que se evidencia y se usa como recurso para acentuar este problema: ¿se puede conocer realmente otra cultura? A la vez que se hace el paralelo, ¿puedo reconstruir realmente LA historia (universal) o MI historia personal a través del ejercicio de la memoria? Más importante que dar una respuesta, el film invita a la reflexión por parte del espectador, mientras somos invitados a realizar el viaje de Carlos Barry y sumergirnos no sólo en los acontecimientos históricos, sino en la música moda y atmósfera de una época.

 

Esta cinta es sin duda un imperdible para todos aquellos que sientan interés por la presencia del imaginario japonés en nuestro país. Está siendo exhibida durante agosto en Cine Radicales, Monjitas 580.

 

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Matilde Gálvez Sepúlveda es Licenciada en Arte, Magíster en historia del Arte, especializada en Arte y Cultura de Asia. Puedes contactarte con ella en: mbgalvez@uc.cl.

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El Shintoísmo

03.07.2018

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